Periodismo apátrida

Al situarnos a través
de la historia del periodismo en el Perú, podemos darnos cuenta que no siempre el periodismo peruano estuvo departe
de la causa libertadora, ya que contrario a
apoyar con publicaciones donde unieran el corazón patrio de todos los
ciudadanos, se puso a favor del enemigo.
Sin duda esta prensa
soslayó y desprestigió la labor periodística ya existente en el Perú.
El pueblo peruano se
formó de una fusión de razas, sin
embargo pudo hacer sentir sus opiniones de diferentes maneras.
La guerra del pacífico
sur de 1879 mostró una cara distinta en
la prensa ya que “La Reacción”, periódico que salía a diario en Cajamarca y que
posteriormente se editó en Lima, defendió
a capa y espada los intereses políticos del Gral. Miguel Iglesias,
siendo considerado un traidor a la patria.
Las publicaciones de
“La Reacción” se hicieron notables, al punto que este convino secretamente con
los chilenos para firmar el tratado de Ancón, poniendo fin a la guerra, pero no
de la manera más correcta.
Se podría decir que “La
Reacción” representó para todos los peruanos y en la prensa nacional como uno
de los acontecimientos más vergonzosos, nefastos y no digno de recordar, ya que
logró que pisotearan nuestro orgullo, logró que perdiéramos plata,
y territorio, con la ayuda de dicha
prensa; y que fue recibida como héroe en Chile después que lo expulsaran
de Perú.

Alan
García ha decidido trasladar los restos de Miguel Iglesias a la Cripta de
los Héroes. Es un homenaje al general que lanzó el Manifiesto de Montán que
daba por un hecho la derrota del Perú en la guerra del Pacífico y
aceptaba la mutilación de nuestra patria. En esos momentos, Andrés Avelino
Cáceres, al mando de un ejército compuesto en gran parte por indios, asestaba
derrota tras derrota a los Chilenos, y, según los propios invasores,
estaba a punto de alterar el curso de la guerra. El comandante peruano Julio
César Guerrero, que trabajó con el ejército alemán, señalaba que los
organizadores del Ejército Rojo chino habían estudiado las operaciones
guerrilleras de las fuerzas de Cáceres. Iglesias no se limitó a pactar con
el enemigo. Se convirtió en aliado de este. Por orden del
presidente Chileno Federico Santa María, Patricio Lynch, el verdugo
de Chorrillos y Miraflores, consiguió dinero para que Iglesias se
armara contra Cáceres. El 10 de julio de 1883 se enfrentaron en Huamachuco
los ejércitos de Cáceres y del Chileno Gorostiaga, enviado por Lynch para
apoyar a Iglesias. La batalla de Huamachuco produjo la única derrota de
Cáceres, pero brindó el ejemplo del joven héroe Leoncio Prado. Iglesias envió
una comisión especial para felicitar a Gorostiaga por su triunfo contra
los peruanos. Dos meses y medio después, se acordaron en Ancón los
términos de la paz, que cedían suelo peruano.Hay que recordar en ese trance la
actitud del presidente Francisco García Calderón, eminente jurista, quien se
negó a aceptar la cesión de territorio peruano, y fue enviado prisionero
a Chile. Allá, en Valparaíso, nació su hijo Francisco García Calderón Rey,
el futuro autor de Le Pérou contemporain. Los testigos señalan que ese niño
tuvo por cuna una jaba de frutas. Iglesias es traidor no sólo por haber
reconocido una derrota que no estaba decidida, no sólo por aceptar concesiones
territoriales abusivas, sino también por haberse convertido en socio militar de
un ocupante que destruía ciudades, profanaba centros de cultura como la
Biblioteca Nacional y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Cierto
es que antes de su felonía, Iglesias había tenido un honroso papel frente a los
invasores. Pero su papel ulterior fue el de un colaboracionista, para emplear
el término que los franceses aplican a los que se sumaron a los nazis que
ocupaban su país, principalmente al mariscal Henri Philippe
Pétain. En LA PRIMERA guerra mundial Pétain había sido
héroe de la batalla de Verdún que duró de febrero a diciembre de 1916, y produjo
la baja de 434 mil alemanes y 543 mil franceses. En la guerra mundial II
se convirtió en cómplice de los invasores y verdugo de su pueblo.
Después,
le aplicaron pena de muerte, luego conmutada por cadena perpetua.
Cortesia del Diario la Primera
Alan
García ha decidido trasladar los restos de Miguel Iglesias a la Cripta de
los Héroes. Es un homenaje al general que lanzó el Manifiesto de Montán que
daba por un hecho la derrota del Perú en la guerra del Pacífico y
aceptaba la mutilación de nuestra patria. En esos momentos, Andrés Avelino
Cáceres, al mando de un ejército compuesto en gran parte por indios, asestaba
derrota tras derrota a los Chilenos, y, según los propios invasores,
estaba a punto de alterar el curso de la guerra. El comandante peruano Julio
César Guerrero, que trabajó con el ejército alemán, señalaba que los
organizadores del Ejército Rojo chino habían estudiado las operaciones
guerrilleras de las fuerzas de Cáceres. Iglesias no se limitó a pactar con
el enemigo. Se convirtió en aliado de este. Por orden del
presidente Chileno Federico Santa María, Patricio Lynch, el verdugo
de Chorrillos y Miraflores, consiguió dinero para que Iglesias se
armara contra Cáceres. El 10 de julio de 1883 se enfrentaron en Huamachuco
los ejércitos de Cáceres y del Chileno Gorostiaga, enviado por Lynch para
apoyar a Iglesias. La batalla de Huamachuco produjo la única derrota de
Cáceres, pero brindó el ejemplo del joven héroe Leoncio Prado. Iglesias envió
una comisión especial para felicitar a Gorostiaga por su triunfo contra
los peruanos. Dos meses y medio después, se acordaron en Ancón los
términos de la paz, que cedían suelo peruano.Hay que recordar en ese trance la
actitud del presidente Francisco García Calderón, eminente jurista, quien se
negó a aceptar la cesión de territorio peruano, y fue enviado prisionero
a Chile. Allá, en Valparaíso, nació su hijo Francisco García Calderón Rey,
el futuro autor de Le Pérou contemporain. Los testigos señalan que ese niño
tuvo por cuna una jaba de frutas. Iglesias es traidor no sólo por haber
reconocido una derrota que no estaba decidida, no sólo por aceptar concesiones
territoriales abusivas, sino también por haberse convertido en socio militar de
un ocupante que destruía ciudades, profanaba centros de cultura como la
Biblioteca Nacional y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Cierto
es que antes de su felonía, Iglesias había tenido un honroso papel frente a los
invasores. Pero su papel ulterior fue el de un colaboracionista, para emplear
el término que los franceses aplican a los que se sumaron a los nazis que
ocupaban su país, principalmente al mariscal Henri Philippe
Pétain. En LA PRIMERA guerra mundial Pétain había sido
héroe de la batalla de Verdún que duró de febrero a diciembre de 1916, y produjo
la baja de 434 mil alemanes y 543 mil franceses. En la guerra mundial II
se convirtió en cómplice de los invasores y verdugo de su pueblo.
Después,
le aplicaron pena de muerte, luego conmutada por cadena perpetua.
Cortesia del Diario la Primera
Cortesia del Diario la Primera

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